Fuente: A.
de Santos Otero. Los Evangelios Apócrifos.
(Madrid:
B.A.C., 1988, 6ta. edición),
págs. 715-747.
EVANGELIO SEGÚN FELIPE
(texto copto de Nag Hammadi)
1. Un hebreo hace un hebreo y se [le] denomina de esta manera:
«prosélito». Pero un prosélito no hace otro prosélito; [algunos] son como [...]
y crean otros; [otros sin embargo] se contentan con llegar a existir (5129-522).
2. El
[esclavo] sólo aspira a ser libre y no ambiciona los bienes de su señor; pero
el hijo no es sólo hijo, sino que reclama para sí la herencia del padre (522-6).
3. Los
que heredan de los muertos están muertos ellos mismos y son herederos de
quienes están muertos. Los que heredan de quien está vivo viven ellos mismos y
son herederos de quien está vivo y de quienes están muertos. Los muertos no
heredan de nadie, pues ¿cómo va a heredar el que está muerto? Si el muerto
hereda de quien está vivo, no morirá, sino que vivirá con tanto mayor motivo
(526-15).
4. Un
hombre pagano no muere, pues realmente no ha vivido nunca, para que luego
(pueda) morir. El que ha llegado a tener fe en la verdad, ha encontrado la vida
y corre peligro de morir, pues se mantiene vivo (5215-19).
5. A
partir de la venida de Cristo, el mundo es creado, las ciudades son
embellecidas y se retira lo que ha fenecido (5219-21).
6.
Mientras éramos hebreos, éramos huérfanos: teníamos (sólo) nuestra madre. Pero
al hacernos cristianos surgieron un padre y una madre para nosotros (5221-24).
7. Los
que siembran en invierno, cosechan en verano. El invierno es el mundo; el
verano es el otro eón. ¡Sembremos en el mundo para que podamos cosechar en
verano! Por ello es conveniente para nosotros no hacer oraciones en invierno.
Al invierno le sucede el verano; pero si uno (se empeña en) cosechar en
invierno, no hará cosecha, sino que erradicará (5225-32).
8. De la
misma manera que uno como éste, él [no] producirá fruto —y no sólo [...]—, sino
que incluso en el otro sábado permanece [...] estéril (5232-35).
9.
Cristo vino para rescatar a algunos, para salvar a otros y redimir a otros. Él
rescató a los foráneos y los hizo suyos. Él segregó a los suyos, pignorándolos
según su voluntad. No sólo al manifestarse se desprendió del alma cuando le
plugo, sino que desde el día mismo en que el mundo tuvo su origen, la mantuvo
depuesta. Cuando quiso vino a recuperarla, ya que ésta había sido (previamente)
pignorada: había caído en manos de ladrones y había sido hecha prisionera. Pero
Él la liberó, rescatando a los buenos que había en el mundo y (también) a los
malos (5235-5314).
10. La
luz y las tinieblas, la vida y la muerte, los de la derecha y los de la
izquierda son hermanos entre sí, siendo imposible separar a unos de otros. Por
ello ni los buenos son buenos, ni los malos, malos, ni la vida es vida, ni la
muerte, muerte. Así que cada uno vendrá a disolverse en su propio origen desde
el principio; pero los que están por encima del mundo son indisolubles y
eternos (5314-23).
11. Los
nombres que se dan (a las cosas) del mundo son susceptibles de un gran engaño,
pues distraen la atención de lo estable (y la dirigen) hacia lo inestable. Y
así quien oye (la palabra) «Dios» entiende no lo estable, sino lo inestable. Lo
mismo ocurre con el «Padre», el «Hijo», el «Espíritu Santo», la «Vida», la
«Luz», la «Resurrección», la «Iglesia» y tantos otros: no se entienden los
(conceptos) estables, sino los inestables, de no ser que se conozca (de
antemano) los primeros. Éstos están en el mundo [...]; si [estuvieran] en el
eón, no se les nombraría nunca en el mundo ni se les echaría entre las cosas
terrenas; ellos tienen su fin en el eón (5323-545).
12. Sólo
hay un nombre que no se pronuncia en el mundo: el nombre que el Padre dio al
Hijo. Es superior a todo. Se trata del nombre del Padre, pues el Hijo no
llegaría a ser Padre si no se hubiera apropiado el nombre del Padre. Quienes
están en posesión de este nombre lo entienden, pero no hablan de él; mas los
que no están en posesión de él no lo entienden. La verdad ha creado (diversos)
nombres en este mundo, porque sin ellos es de todo punto imposible
aprehenderla. La verdad es (pues) única y múltiple por causa nuestra, para
enseñarnos a través de muchos este único (nombre) por amor (545-17).
13. Los
Arcontes quisieron engañar al hombre, viendo que éste tenía parentesco con los
verdaderamente buenos: quitaron el nombre a los que son buenos y se lo dieron a
los que no son buenos con el fin de engañarle a través de los nombres y
vincularle a los que no son buenos. Luego —en el caso de que quieran hacerles
un favor— harán que se separen de los que no son buenos y los integran entre
los que son buenos, que ellos (ya) conocían. Pues ellos pretendían raptar al
que es libre y hacerlo su esclavo para siempre (5418-31).
14. Hay
Potencias que [son] otorgadas al hombre [...], pues no quieren que éste [llegue
a salvarse] para que ellas consigan ser [...]; pues si el hombre [se salva], se
hacen sacrificios [...] y se ofrecen animales a las Potencias. [Es a éstas] a
quienes se hacen tales ofrendas, (que) en el momento de ser ofrecidas estaban
vivas, pero al ser sacrificadas murieron. El hombre, por su parte, fue ofrecido
a Dios estando muerto y vivió (5431-555).
15.
Antes de la venida de Cristo no había pan en el mundo. Lo mismo que en el
paraíso —lugar en que moraba Adán—, había aquí muchos árboles para alimento de
los animales, pero no había trigo como alimento para el hombre. Éste se nutría
como los animales, pero al venir Cristo —el hombre perfecto— trajo pan del
cielo para que el hombre se nutriera con alimento de hombre (556-14).
16. Los
Arcontes creían que por su fuerza y por su voluntad hacían lo que hacían; pero
es el Espíritu Santo el que operaba en todo ocultamente a través de ellos según
su voluntad. Ellos siembran por todas partes la verdad, que existe desde el
principio, y muchos la contemplan al ser sembrada; pero pocos de los que la
contemplan la cosechan (5514-22).
17.
Algunos dicen que María ha concebido por obra del Espíritu Santo: éstos se
equivocan, no saben lo que dicen. ¿Cuándo jamás ha concebido de mujer una
mujer? María es la virgen a quien ninguna Potencia ha manchado. Ella es un gran
anatema para los judíos, que son los apóstoles y los apostólicos. Esta virgen
que ninguna Potencia ha violado, [... mientras que] las Potencias se
contaminaron. El Señor no [hubiera] dicho: «[Padre mío que estás en] los
cielos», de no haber tenido [otro] padre; sino que habría dicho simplemente:
«[Padre mío]» (5523-35).
18. El
Señor dijo a los discípulos [...]: «Entrad en la casa del Padre, pero no
toméis ni os llevéis nada de la casa del Padre» (5536-563).
19.
«Jesús» es un nombre secreto, «Cristo» es un nombre manifiesto. Por eso «Jesús»
no existe en lengua alguna, sino que su nombre es «Jesús», como se le llama
generalmente. «Cristo», sin embargo —por lo que toca a su nombre en siríaco—,
es «Mesías» y en griego Jristós. Y todos los demás lo tienen asimismo con
arreglo a la lengua de cada uno. «El Nazareno» es (el nombre) que está
manifiesto en lo oculto (563-13).
20.
Cristo encierra todo en sí mismo —ya sea «hombre», ya sea «ángel», ya sea
«misterio»—, incluso al Padre (5613-15).
21. Los
que dicen que el Señor primero murió y (luego) resucitó, se engañan; pues
primero resucitó y (luego) murió. Si uno no consigue primero la resurrección,
<no> morirá; (tan verdad como que) Dios vive, éste [morirá] (5615-20).
22.
Nadie esconde un objeto grande y precioso en un gran recipiente, sino que
muchas veces se guardan tesoros sin cuento en un cofre que no vale más de un
maravedí. Esto ocurre con el alma: es un objeto precioso (y) ha venido a caer
en un cuerpo despreciable (5620-26).
23. Hay
quienes tienen miedo de resucitar desnudos y por eso quieren resucitar en
carne: éstos no saben que los que están revestidos de carne son los desnudos.
Aquellos que [osan] desnudarse son precisamente [los que] no están desnudos.
«Ni la carne [ni la sangre] heredarán el Reino [de Dios]». ¿Cuál es la (carne)
que no va a heredar? La que llevamos encima. ¿Y cuál es, por el contrario, la
que va a heredar? La (carne) de Jesús y su sangre. Por eso dijo Él: «El que no
come mi carne y bebe mi sangre, no tiene vida en sí». Y ¿qué es esto? Su carne
es el Logos y su sangre es el Espíritu Santo. Quien ha recibido estas cosas
tiene alimento, bebida y vestido. Yo recrimino a los otros que afirman que (la
carne) no va a resucitar, pues ambos yerran. Tú dices que la carne no
resucitará. Entonces dime: ¿qué es lo que va a resucitar?, para que podamos
hacerte los honores. Tú dices que el espíritu (está) dentro de la carne y que
también esta luz está dentro de la carne. Mas el Logos es eso otro que asimismo
está dentro de la carne, pues —cualquiera de las cosas a que te refieras— (nada
podrás aducir) que se encuentre fuera del recinto de la carne. Es, pues,
necesario resucitar en esta carne, ya que en ella está todo contenido (5626-5719).
24. En
este mundo, aquellos que se ponen un vestido valen más que el propio vestido.
En el reino de los cielos valen más (sin embargo) los vestidos que quienes se
los han puesto por agua y fuego, que purifican todo el lugar (5719-24).
25. Los
que están manifiestos (lo son) gracias a los que están manifiestos y los que
están ocultos (lo son) por los que están ocultos. Hay quienes (se mantienen)
ocultos gracias a los que están manifiestos. Hay agua en el agua y fuego en la
unción (5724-28).
26.
Jesús los llevó a todos a escondidas, pues no se manifestó como era (de
verdad), sino de manera que pudiera ser visto. Así se apareció [...] a los
grandes como grande, a los pequeños como pequeño, a los ángeles como ángel y a
los hombres como hombre. Por ello su Logos se mantuvo oculto a todos. Algunos
le vieron y creyeron que se veían a sí mismos; mas cuando se manifestó
gloriosamente a sus discípulos sobre la montaña, no era pequeño: se había hecho
grande e hizo grandes a sus discípulos para que estuvieran en condiciones de
verle grande (a Él mismo). Y dijo aquel día en la acción de gracias: «Tú que
has unido al perfecto (y) a la luz con el Espíritu Santo, une también a los
ángeles con nosotros, con las imágenes» (5728-5814).
27. No
despreciéis al Cordero, pues sin él no es posible ver al rey. Nadie podrá
ponerse en camino hacia el rey estando desnudo (5814-17).
28. Más
numerosos son los hijos del hombre celestial que los del hombre terrenal. Si
los hijos de Adán son numerosos —a pesar de ser mortales—, ¡cuánto más los
hijos del hombre perfecto, que no mueren, sino que son engendrados
ininterrumpidamente! (5817-22).
29. El
padre hace un hijo y el hijo no tiene posibilidad de hacer a su vez un hijo:
pues quien ha sido engendrado no puede engendrar por su parte, sino que el hijo
se procura hermanos, pero no hijos (5822-26).
30.
Todos los que son engendrados en el mundo son engendrados por la naturaleza, el
resto por [el espíritu]. Los que son engendrados por éste [dan gritos] al
hombre desde aquí abajo [para ...] de la promesa [...] de arriba (5826-32).
31. [El
que ...] por la boca; [si] el Logos hubiera salido de allí, se alimentaría por
la boca y sería perfecto. Los perfectos son fecundados por un beso y engendran.
Por eso nos besamos nosotros también unos a otros (y) recibimos la fecundación
por la gracia que nos es común (5833-596).
32. Tres
(eran las que) caminaban continuamente con el Señor: su madre María, la hermana
de ésta y Magdalena, a quien se designa como su compañera. María es, en efecto,
su hermana, su madre y su compañera (596-11).
33.
«Padre» e «Hijo» son nombres simples; «Espíritu Santo» es un nombre compuesto.
Aquéllos se encuentran de hecho en todas partes: arriba, abajo, en lo secreto y
en lo manifiesto. El Espíritu Santo está en lo revelado, abajo, en lo secreto, arriba
(5911-18).
34. Las
Potencias malignas están al servicio de los santos, después de haber sido
reducidas a ceguera por el Espíritu Santo para que crean que están sirviendo a
un hombre, siendo así que están operando en favor de los santos. Por eso —(cuando)
un día un discípulo le pidió al Señor una cosa del mundo— Él le dijo:
«Pide(selo) a tu madre y ella te hará partícipe de las cosas ajenas» (5918-27).
35. Los
apóstoles dijeron a los discípulos: «que toda nuestra ofrenda se procure sal a
sí misma». Ellos llamaban «sal» a [la Sofía, sabiduría], (pues) sin ella
ninguna ofrenda [es] aceptable (5927-31).
36. La
Sofía es estéril, [sin] hijo(s); por eso se la llama [también] «sal». El lugar
en que aquéllos [...] a su manera [es] el Espíritu Santo; [por esto (?)] son
numerosos sus hijos (5931-601).
37. Lo
que el padre posee le pertenece al hijo, pero mientras éste es pequeño no se le
confía lo que es suyo. Cuando se hace hombre, entonces le da el padre todo lo
que posee (601-6).
38.
Cuando los engendrados por el espíritu yerran, yerran también por él. Por la
misma razón un idéntico soplo atiza el fuego y lo apaga (606-9).
39. Una
cosa es «Echamoth» y otra es «Echmoth». Echamoth es la Sofía por antonomasia,
mientras que Echmoth es la Sofía de la muerte, aquella que conoce la muerte, a
la que llaman «Sofía la pequeña» (6010-15).
40. Hay
animales que viven sometidos al hombre, tales como las vacas, el asno y otros
parecidos. Hay otros, sin embargo, que no se someten y viven solos en parajes
desiertos. El hombre ara el campo con animales domesticados y así se alimenta a
sí mismo y a los animales, tanto a los que se someten como a los que no se
someten. Lo mismo pasa con el hombre perfecto: con (la ayuda de las) Potencias
que le son dóciles ara (y) cuida de que todos subsistan. Por esto se mantiene
en pie todo el lugar, ya se trate de los buenos, de los malos, de los que están
a la derecha o de los que están a la izquierda. El Espíritu Santo apacienta a
todos y ejerce su dominio sobre [todas] las Potencias, lo mismo sobre las
dóciles que sobre las [indóciles] y solitarias, pues él [...] las recluye para
que [...] cuando quieran (6015-34).
41. [Si
Adán] fue creado [...], estarás de acuerdo en que sus hijos son obras nobles.
Si él no hubiera sido creado, sino engendrado, estarías también de acuerdo en
que su posteridad es noble. Ahora bien, él fue creado y engendró (a su vez).
¡Qué nobleza supone esto! (6034-615).
42.
Primero hubo adulterio y luego (vino) el asesino engendrado de adulterio, pues
era el hijo de la serpiente. Por ello vino a ser homicida como su padre y mató
a su hermano. Ahora bien, toda relación sexual entre seres no semejantes entre
sí es adulterio (615-12).
43. Dios
es tintorero. Así como el buen tinte —que llaman «auténtico»— desaparece (sólo)
con las cosas que con él han sido teñidas, lo mismo ocurre con aquellos a
quienes Dios ha teñido: puesto que su tinte es imperecedero, gracias a él
resultan ellos mismos inmortales. Ahora bien, Dios bautiza a los que bautiza
con agua (6112-20).
44.
Ninguno puede ver a nadie de los que son estables de no ser que él mismo se
asimile a ellos. Con la verdad no ocurre lo mismo que con el hombre mientras se
encuentra en este mundo, que ve el sol sin ser el sol y contempla el cielo y la
tierra y todas las demás cosas sin ser ellas mismas. Tú, en cambio, viste algo
de aquel lugar y te convertiste en aquellas cosas (que habías visto): viste al
espíritu y te hiciste espíritu; [viste a] Cristo y te hiciste Cristo; viste [al
Padre] y te harás padre. Por eso tú [aquí] ves todas las cosas y no [te ves] a
ti mismo; pero [allí] sí te verás, pues [llegarás a ser] lo que estás viendo
(6120-35).
45. La
fe recibe, el amor da. [Nadie puede recibir] sin la fe; nadie puede dar sin
amor. Por eso creemos nosotros, para poder recibir; pero para poder dar de
verdad (hemos de amar también); pues si uno da, pero no por amor, no saca
utilidad alguna de lo que ha dado (6136-625).
46.
Aquel que no ha recibido al Señor es todavía un hebreo (625-6).
47. Los
apóstoles antes de nosotros (le) llamaron así: «Jesús el Nazareno, Mesías» —que
quiere decir—: «Jesús el Nazareno, el Cristo». El último nombre es «el Cristo»,
el primero «Jesús», el de en medio «el Nazareno». «Mesías» tiene un doble
significado: «el Cristo» y «el Medido». «Jesús» en hebreo es la «Redención»,
«Nazareno» es la «Verdad». «El Nazareno» es, pues, la «Verdad». El Cristo ha
sido medido; «el Nazareno» y «Jesús» son los que han sido medidos (626-17).
48. Si
se arroja la perla a la basura, no por ello pierde su valor. Tampoco se hace
más preciosa al ser tratada con ungüento de bálsamo, sino que a los ojos de su
propietario conserva siempre su valor. Esto mismo ocurre con los hijos de Dios
dondequiera que estén, pues conservan (siempre) su valor a los ojos del Padre
(6217-26).
49. Si
dices «soy judío», nadie se preocupará; si dices «soy romano», nadie se
inquietará; si dices «soy griego, bárbaro, esclavo o libre, nadie se
perturbará. [Pero si dices] «soy cristiano», [todo el mundo] se echará a
temblar. ¡Ojalá pueda yo [...] este signo que [...] no son capaces de soportar
[...] esta denominación! (6226-35).
50. Dios
es antropófago, por eso se le [ofrece] al hombre [en sacrificio]. Antes de que
fuera inmolado el hombre se inmolaban bestias, pues no eran dioses aquellos a
quienes se hacían sacrificios (6235-634).
51.
Tanto las vasijas de vidrio como las de arcilla se construyen a base de fuego.
Las de vidrio pueden remodelarse si se rompen, pues ha sido por un soplo por lo
que han llegado a ser. Las de arcilla, en cambio —de romperse—, quedan
destruidas (definitivamente), pues no ha intervenido ningún soplo en su
construcción (635-11).
52. Un
asno, dando vueltas alrededor de una rueda de molino, caminó 100 millas y
cuando lo desuncieron se encontraba aún en el mismo lugar. Hay hombres que
hacen mucho camino sin adelantar un paso en dirección alguna. Al verse
sorprendidos por el crepúsculo no han divisado ciudades, ni aldeas, ni
creación, ni naturaleza, ni potencia o ángel. ¡En vano se han esforzado los
pobres! (6311-21).
53. La
Eucaristía es Jesús, pues a éste se le llama en siríaco «Pharisata», que quiere
decir «aquel que está extendido». Jesús vino, en efecto, a crucificar el mundo
(6321-24).
54. El
Señor fue a la tintorería de Leví, tomó 72 colores y los echó en la tinaja.
Luego los sacó todos teñidos de blanco y dijo: «Así es como los ha tomado el
hijo <del Hijo> del hombre [...]» (6325-30).
55. La
Sofía —a quien llaman «la estéril»— es la madre de los ángeles; la compañera
[de Cristo es María] Magdalena. [El Señor amaba a María] más que a [todos] los
discípulos (y) la besó en la [boca repetidas] veces. Los demás [...] le
dijeron: «¿Por qué [la quieres] más que a todos nosotros?» El Salvador
respondió y les dijo: «¿A qué se debe el que no os quiera a vosotros tanto como
a ella?» (6330-645).
56. Un
ciego y un vidente —si ambos se encuentran a oscuras— no se distinguen uno de
otro; mas cuando llegue la luz, el vidente verá la luz, mientras que el ciego
permanecerá en la oscuridad (645-9).
57. Dijo
el Señor: «Bienaventurado es el que existe antes de llegar a ser, pues el que
existe existía y existirá» (649-12).
58. La
superioridad del hombre no es patente, sino oculta. Por eso domina las bestias
que son más fuertes que él y de gran tamaño —tanto en apariencia como
realmente— y les proporciona su sustento. Mas cuando se separa de ellas, éstas
se matan unas a otras y se muerden hasta devorarse mutuamente por no hallar qué
comer. Mas ahora —una vez que el hombre ha trabajado la tierra— han encontrado
su sustento (6412-22).
59. Si
alguien —después de bajar a las aguas— sale de ellas sin haber recibido nada y
dice «soy cristiano», este nombre lo ha recibido (sólo) en préstamo. Mas si
recibe al Espíritu Santo, queda en posesión de (dicho) nombre a título de
donación. A quien ha recibido un regalo nadie se lo quita, pero a quien se le
da un préstamo, se le reclama (6422-29).
60. Lo
mismo ocurre cuando uno ha sido [...] en un misterio. El misterio del
matrimonio [es] grande, pues [sin él] el mundo no existiría. La consistencia
[del mundo depende del hombre], la consistencia [del hombre depende del]
matrimonio. Reparad en la unión [sin mancha], pues tiene [un gran] poder. Su
imagen radica en la polución [corporal] (6429-651).
61.
Entre los espíritus impuros los hay machos y hembras. Los machos son aquellos
que copulan con las almas que están alojadas en una figura femenina. Las
hembras, al contrario, son aquellas que se encuentran unidas con los que están
alojados en una figura masculina por culpa de un desobediente. Y nadie podrá
huir de estos (espíritus) si se apoderan de uno, de no ser que se esté dotado
simultáneamente de una fuerza masculina y de otra femenina —esto es, esposo y
esposa— provenientes de la cámara nupcial en imagen. Cuando las mujeres necias
descubren a un hombre solitario se lanzan sobre él, bromean con él (y) lo
manchan. Lo mismo ocurre con los hombres necios: si descubren a una mujer
hermosa que vive sola, procuran insinuarse e incluso forzarla con el fin de
violarla. Pero si ven que hombre y mujer viven juntos, ni las hembras podrán
acercarse al macho ni los machos a la hembra. Lo mismo ocurre si la imagen y el
ángel están unidos entre sí: tampoco se atreverá nadie a acercarse al
hombre o a la mujer. Aquel que sale del mundo no puede caer preso por la
sencilla razón de que (ya) estuvo en el mundo. Está claro que éste es superior
a la concupiscencia [... y al] miedo; es señor de sus [...] y más frecuente que
los celos. Mas si [se trata de ...], lo prenden y lo sofocan, y ¿cómo podrá
[éste] huir de [...] y estar en condiciones de [...]? [Con frecuencia vienen]
algunos [y dicen:] «nosotros somos creyentes»
(a fin de escapar de ... y) demonios. Si éstos hubieran estado en posesión del
Espíritu Santo, no se les habría adherido ningún espíritu inmundo (651-664).
62. No
tengas miedo de la carne ni la ames: si la temes se enseñoreará de ti, si la
amas te devorará y te entumecerá (664-6).
63. O se
está en este mundo o en la resurrección o en lugares intermedios. ¡Quiera Dios
que a mí no me encuentren en éstos! En este mundo hay cosas buenas y cosas
malas: las cosas buenas no son las buenas y las malas no son las malas. Pero
hay algo malo después de este mundo que es en verdad malo y que llaman el
«Intermedio», es decir, la muerte. Mientras estamos en este mundo es
conveniente que nos esforcemos por conseguir la resurrección para que —una vez
que depongamos la carne— nos hallemos en el descanso y no tengamos que ir
errando en el «Intermedio». Muchos de hecho yerran el camino. Es, pues,
conveniente salir del mundo antes de que el hombre haya pecado (667-23).
64.
Algunos ni quieren ni pueden, otros —aunque quieran— no les sirve de nada, por
no haber obrado. De manera que un (simple) «querer» los hace pecadores, lo
mismo que un «no querer». La justicia se esconderá de ambos. El «querer» [es...],
el «obrar» no (6623-29).
65. Un
discípulo de los apóstoles vio en una visión algunas (personas) encerradas en
una casa en llamas, encadenadas [con grillos] de fuego y arrojadas [en un mar]
de fuego. [Y decían ...] agua sobre [...]. Mas (éstos) replicaban que —muy en
contra de su voluntad— [no] estaban en condiciones de salvar(las). Ellos
recibieron [la muerte como] castigo, aquella que llaman «tiniebla [exterior]»
por [tener su origen] en el agua y en el fuego (6629-672).
66. El
[alma] y el espíritu han llegado a la existencia partiendo de agua, fuego y luz
(por mediación) del hijo de la cámara nupcial. El fuego es la unción, la luz es
el fuego; no estoy hablando de este fuego que no posee forma alguna, sino del
otro cuya forma es de color blanco, que es refulgente y hermoso e irradia (a su
vez) hermosura (672-9).
67. La
verdad no ha venido desnuda a este mundo, sino envuelta en símbolos e imágenes,
ya que éste no podrá recibirla de otra manera. Hay una regeneración y una
imagen de regeneración. Es en verdad necesario que se renazca a través de la
imagen. ¿Qué es la resurrección? Es preciso que la imagen resucite por la
imagen; es preciso que la cámara nupcial y la imagen a través de la imagen
entren en la verdad que es la restauración final. Es conveniente (todo esto)
para aquellos que no sólo reciben, sino que han hecho suyo por méritos propios
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Si uno no los obtiene por
sí mismo, aun el mismo nombre le será arrebatado. Ahora bien, estos nombres se
confieren en la unción con el bálsamo de la fuerza [...] que los
apóstoles llamaban «la derecha» y «la izquierda». Pues bien, uno así no es ya
un (simple) cristiano sino un Cristo (679-27).
68. El
Señor [realizó] todo en un misterio: un bautismo, una unción, una eucaristía,
una redención y una cámara nupcial (6727-30).
69. [El
Señor] dijo: «Yo he venido a hacer [las cosas inferiores] como las superiores
[y las externas] como las [internas, para unirlas] a todas en el lugar». [Él se
manifestó aquí] a través de símbolos [...]. Aquellos, pues, que dicen: «[...]
hay quien está encima [...]», se equivocan, [pues] el que se manifiesta [...]
es el que llaman «de abajo» y el que posee lo oculto está encima de él. Con
razón, pues, se habla de la «parte interior» y de «la exterior» y de «la que
está fuera de la exterior». Y así denominaba el Señor a la perdición «tiniebla
exterior, fuera de la cual no hay nada». Él dijo: «Mi Padre que está
escondido», y también: «Entra en tu habitación, cierra la puerta y haz oración
a tu Padre que está en lo escondido», esto es, «el que está en el interior de
todos ellos». Ahora bien, lo que está dentro de ellos es el Pleroma: más
interior que él no hay nada. Éste es precisamente aquel de quien se dice: «está
por encima de ellos» (6730-6817).
70.
Antes de Cristo salieron algunos del lugar donde no habían de volver a entrar y
entraron en el lugar de donde no habían de volver a salir. Pero Cristo, con su
venida, sacó fuera a aquellos que habían entrado y metió dentro a aquellos que
habían salido (6817-22).
71.
Mientras Eva estaba [dentro de Adán] no existía la muerte, mas cuando se separó
[de él] sobrevino la muerte. Cuando ésta retorne y él la acepte, dejará de
existir la muerte (6823-26).
72.
«¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué, Señor, me has abandonado?» Esto dijo Él sobre
la cruz después de separar este lugar [de todo lo que] había sido
engendrado por [...] a través de Dios. [El Señor resucitó] de entre los muertos
[...]. Mas [su cuerpo] era perfecto: [tenía sí] una carne, pero ésta [era una
carne] de verdad. [Nuestra carne al contrario] no es auténtica, [sino] una
imagen de la verdadera (6826-37).
73. La
cámara nupcial no está hecha para las bestias, ni para los esclavos, ni para
las mujeres mancilladas, sino para los hombres libres y para las vírgenes (691-4).
74.
Nosotros somos —es verdad— engendrados por el Espíritu Santo, pero
re-engendrados por Cristo. En ambos (casos) somos asimismo ungidos por el
espíritu, y —al ser engendrados— hemos sido también unidos (694-8).
75. Sin
luz nadie podrá contemplarse a sí mismo, ni en una superficie de agua ni en un
espejo; pero si no tienes agua o espejo —aun teniendo luz—, tampoco podrás
contemplarte. Por ello es preciso bautizarse con dos cosas: con la luz y con el
agua. Ahora bien, la luz es la unción (698-14).
76. Tres
eran los lugares en que se hacían ofrendas en Jerusalén: uno que se abría hacia
el Poniente, llamado el «Santo»; otro abierto hacia el Mediodía, llamado el
«Santo del Santo», y el tercero abierto hacia el Oriente, llamado el «Santo de
los Santos», donde sólo podía entrar el Sumo Sacerdote. El bautismo es el
«Santo», [la redención] es el «Santo del Santo», mientras que la cámara nupcial
es el «[Santo] de los Santos». [El bautismo] trae consigo la resurrección [y
la] redención, mientras que ésta se realiza en la cámara nupcial. Mas la cámara
nupcial se encuentra en la cúspide [de ...]. Tú no serás capaz de encontrar
[...] aquellos que hacen oración [...] Jerusalén [...] Jerusalén [...].
Jerusalén [...] llamada «Santo de los Santos» [...] el velo [...] la cámara
nupcial, sino la imagen [...]. Su velo se rasgó de arriba abajo, pues era
preciso que algunos subieran de abajo arriba (6914-704).
77.
Aquellos que se han vestido de la luz perfecta no pueden ser vistos por las
Potencias ni detenidos por ellas. Ahora bien, uno puede revestirse de esta luz
en el sacramento, en la unión (705-9).
78. Si
la mujer no se hubiera separado del hombre, no habría muerto con él. Su
separación vino a ser el comienzo de la muerte. Por eso vino Cristo, para
anular la separación que existía desde el principio, para unir a ambos y para
dar la vida a aquellos que habían muerto en la separación y unirlos de nuevo
(7010-18).
79. Pues
bien, la mujer se une con su marido en la cámara nupcial y todos aquellos que
se han unido en dicha cámara no volverán a separarse. Por eso se separó Eva de
Adán, porque no se había unido con él en la cámara nupcial (7018-22).
80. El
alma de Adán llegó a la existencia por un soplo. Su cónyuge es el [espíritu; el
espíritu] que le fue dado es su madre [y con] el alma le fue otorgado [...] en
su lugar. Al unirse [pronunció] unas palabras que son superiores a las
Potencias. Éstas le tomaron envidia [...] unión espiritual [...] (7022-34).
81.
Jesús manifestó [su gloria en el] Jordán. La plenitud del reino de los cielos,
que [preexistía] al Todo, nació allí de nuevo. El que antes [había sido]
ungido, fue ungido de nuevo. El que había sido redimido, redimió a su vez (7034-713).
82.
Digamos —si es permitido— un secreto: el Padre del Todo se unió con la virgen
que había descendido y un fuego le iluminó aquel día. Él dio a conocer la gran
cámara nupcial, y por eso su cuerpo —que tuvo origen aquel día— salió de la
cámara nupcial como uno que ha sido engendrado por el esposo y la esposa. Y
asimismo gracias a éstos enderezó Jesús el Todo en ella, siendo preciso que
todos y cada uno de sus discípulos entren en su lugar de reposo (713-15).
83. Adán
debe su origen a dos vírgenes: esto es, al Espíritu y a la tierra virgen. Por
eso nació Cristo de una Virgen, para reparar la caída que tuvo lugar al
principio (7116-21).
84. Dos
árboles hay en el [centro del] paraíso: el uno produce [animales] y el otro
hombres. Adán [comió] del árbol que producía animales y se convirtió él mismo
en animal y engendró animales. Por eso adoran los [hijos] de Adán [a los
animales]. El árbol [cuyo] fruto [comió Adán] es [el árbol del conocimiento].
[Por] eso se multiplicaron [los pecados]. [Si él hubiera] comido [el fruto del
otro árbol, es decir, el] fruto del [árbol de la vida, que] produce hombres,
[entonces adorarían los dioses] al hombre. Dios hizo [al hombre y] el hombre
hizo a Dios (7122-721).
85. Así
ocurre también en el mundo: los [hombres] elaboran dioses y adoran la obra de
sus manos. Sería conveniente que fueran más bien los dioses los que venerasen a
los hombres como corresponde a la verdad (721-5).
86. Las
obras del hombre provienen de su potencia; por eso se las llama las
«Potencias». Obras suyas son asimismo sus hijos, provenientes de un reposo. Por
eso radica su potencia en sus obras, mientras que el reposo se manifiesta en
los hijos. Y estarás de acuerdo en que esto atañe hasta la (misma) imagen. Así,
pues, aquél es un hombre modelo, que realiza sus obras por su fuerza, pero
engendra sus hijos en el reposo (725-17).
87. En
este mundo los esclavos sirven a los libres; en el reino de los cielos
servirán los libres a los esclavos (y) los hijos de la cámara nupcial a
los hijos del matrimonio. Los hijos de la cámara nupcial tienen un nombre
[...]. El reposo [es común] a entrambos: no tienen necesidad de [...] (7217-24).
88. La
contemplación [...] (7225-30).
89. [...
Cristo] bajó al agua [...] para redimirle; [...] aquellos que Él ha [...] por
su nombre. Pues Él dijo: «[Es conveniente] que cumplamos todo aquello que es
justo» (7230-731).
90. Los
que afirman: «Primero hay que morir y (luego) resucitar», se engañan. Si uno no
recibe primero la resurrección en vida, tampoco recibirá nada al morir. En
estos términos se expresan también acerca del bautismo, diciendo: «Gran cosa es
el bautismo, pues quien lo recibe, vivirá» (731-8).
91. El
apóstol Felipe dijo: «José el carpintero plantó un vivero, pues necesitaba
madera para su oficio. Él fue quien construyó la cruz con los árboles que había
plantado. Su semilla quedó colgada de lo que había plantado. Su semilla era
Jesús, y la cruz el árbol» (738-15).
92. Pero
el árbol de la vida está en el centro del paraíso y también el olivo, del que
procede el óleo, gracias al cual (nos ha llegado) la resurrección (7315-19).
93. Este
mundo es necrófago: todo lo que en él se come [se ama también]. La verdad, en
cambio, se nutre de la vida (misma), [por eso] ninguno de los que [de ella] se
alimentan morirá. Jesús vino [del otro] lado y trajo alimento [de allí]. A los
que lo deseaban dio Él [vida para que] no murieran (7320-27).
94.
[Dios plantó un] paraíso; el hombre [vivió en el] paraíso [...]. Este paraíso
[es el lugar donde] se me dirá: «[Hombre, come de] esto o no comas [de esto,
según tu] antojo». Éste es el lugar donde yo comeré de todo, ya que allí se
encuentra el árbol del conocimiento. Éste causó (allí) la muerte de Adán y dio,
en cambio, aquí vida a los hombres. La ley era el árbol: éste tiene la
propiedad de facilitar el conocimiento del bien y del mal, pero ni le alejó (al
hombre) del mal ni le confirmó en el bien, sino que trajo consigo la muerte a
todos aquellos que de él comieron; pues al decir: «Comed esto, no comáis esto»,
se transformó en principio de la muerte (7327-7412).
95. La
unción es superior al bautismo, pues es por la unción por la que hemos recibido
el nombre de cristianos, no por el bautismo. También a Cristo se le llamó (así)
por la unción, pues el Padre ungió al Hijo, el Hijo a los apóstoles y éstos nos
ungieron a nosotros. El que ha recibido la unción está en posesión del Todo: de
la resurrección, de la luz, de la cruz y del Espíritu Santo. El Padre le otorgó
todo esto en la cámara nupcial, Él (lo) recibió (7412-22).
96. El
Padre puso su morada en el [Hijo] y el Hijo en el Padre: esto es [el] reino de
los cielos (7422-24).
97. Con
razón dijo el Señor: «Algunos entraron sonriendo en el reino de los cielos y
salieron [...]». Un cristiano [...] e inmediatamente [descendió] al agua y
subió [siendo señor del] Todo; [no] porque [pensaba que] era una broma, sino
[porque] despreciaba esto [como indigno del] reino de [los cielos]. Si [lo]
desprecia y lo toma a broma, [saldrá de allí] riendo (7424-36).
98. Lo
mismo ocurre con el pan, el cáliz y el óleo, si bien hay otro (misterio) que es
superior a esto (7436-752).
99. El
mundo fue creado por culpa de una transgresión, pues el que lo creó quería
hacerlo imperecedero e inmortal, pero cayó y no pudo realizar sus aspiraciones.
De hecho no había incorruptibilidad ni para el mundo ni para quien lo había
creado, ya que incorruptibles no son las cosas, sino los hijos, y ninguna cosa
podrá ser perdurable de no ser que se haga hijo, pues ¿cómo podrá dar el que no
está en disposición de recibir? (752-14).
100. El
cáliz de la oración contiene vino y agua, ya que sirve de símbolo de la sangre,
sobre la que se hace la acción de gracias. Está lleno del Espíritu Santo y
pertenece al hombre enteramente perfecto. Al beberlo haremos nuestro al hombre
perfecto (7514-21).
101. El
agua es un cuerpo. Es preciso que nos revistamos del hombre viviente: por eso,
cuando uno se dispone a descender al agua, ha de desnudarse para poder
revestirse de éste (7521-25).
102. Un
caballo engendra un caballo, un hombre engendra un hombre y un dios engendra un
dios. Lo mismo ocurre con el esposo y [la esposa: sus hijos] tuvieron su origen
en la cámara nupcial. No hubo judíos [que descendieran] de griegos [mientras]
estaba en vigor [la Ley. Nosotros, en cambio, descendemos de] judíos [a pesar
de ser] cristianos [...]. Éstos fueron llamados [...] «pueblo escogido» de
[...] y «hombre verdadero» e «Hijo del hombre» y «simiente del Hijo del
hombre». Ésta es la que llaman en el mundo «la raza auténtica» (7525-764).
103.
Éstos son el lugar donde se encuentran los hijos de la cámara nupcial. La unión
está constituida en este mundo por hombre y mujer, aposento de la fuerza y de
la debilidad; en el otro mundo la forma de la unión es muy distinta (764-8).
104.
Nosotros los denominamos así, pero hay otras denominaciones superiores a
cualquiera de los nombres que pueda dárseles y superiores a la violencia
(misma). Pues allí donde hay violencia hay quienes valen más que la violencia.
Los de allí no son el uno y el otro, sino que ambos son uno mismo. El de aquí
es aquel que nunca podrá sobrepasar el sentido carnal (768-17).
105. No
es preciso que todos los que se encuentran en posesión del Todo se conozcan a
sí mismos enteramente. Algunos de los que no se conocen a sí mismos no gozarán,
es verdad, de las cosas que poseen. Mas los que hayan alcanzado el propio conocimiento,
éstos sí que gozarán de ellas (7617-22).
106. El
hombre perfecto no sólo no podrá ser retenido, sino que ni siquiera podrá ser
visto, pues si lo vieran, lo retendrían. Nadie estará en condiciones de
conseguir de otra manera esta gracia, de [no] ser que se revista de la luz
perfecta y [se convierta en hombre] perfecto. Todo aquel que [se haya revestido
de ella] caminará [...]: ésta es la [luz] perfecta (7622-30).
107. [Es
preciso] que nos hagamos [hombres perfectos] antes de que salgamos [del mundo].
Quien ha recibido el Todo [sin ser señor] de estos lugares [no] podrá [dominar
en] aquel lugar, sino que [irá a parar al lugar] intermedio como imperfecto.
Sólo Jesús conoce el fin de éste (7631-771).
108. El
hombre santo lo es enteramente, incluso en lo que afecta a su cuerpo, puesto
que si al recibir el pan él lo santifica —lo mismo que el cáliz o cualquiera
otra cosa que recibe, él lo santifica—, ¿cómo no va a hacer santo también el
cuerpo? (772-7).
109. De
la misma manera que Jesús (ha hecho) perfecta el agua del bautismo, asimismo ha
liquidado la muerte. Por eso nosotros descendemos —es verdad— hasta el agua,
pero no bajamos hasta la muerte, para no quedar anegados en el espíritu del
mundo. Cuando éste sopla hace sobrevenir el invierno, mas cuando es el Espíritu
Santo el que sopla se hace verano (777-15).
110.
Quien posee el conocimiento de la verdad es libre; ahora bien, el que es libre
no peca, pues quien peca es esclavo del pecado. La madre es la verdad, mientras
que el conocimiento es el padre. Aquellos a quienes no está permitido pecar, el
mundo los llama libres. Aquellos a quienes no está permitido pecar, el
conocimiento de la verdad eleva sus corazones, esto es, los hace libres y los
pone por encima de todo el lugar. El amor, por su parte, edifica, mas el que ha
sido hecho libre por el conocimiento hace de esclavo por amor hacia aquellos
que todavía no llegaron a recibir la libertad del conocimiento; luego éste los
capacita para hacerse libres. [El] amor [no se apropia] nada, pues ¿cómo [va a
apropiarse algo, si todo] le pertenece? No [dice: «Esto es mío»] o «Aquello me
pertenece a mí», [sino que dice: «Esto es] tuyo» (7715-35).
111. El
amor espiritual es vino y bálsamo. De él gozan los que se dejan ungir con él,
pero también aquellos que son ajenos a éstos, con tal que los ungidos continúen
(a su lado). En el momento en que los que fueron ungidos con bálsamo dejan de
(ungirse) y se marchan, quedan despidiendo de nuevo mal olor los no ungidos que
tan sólo estaban junto a ellos. El samaritano no proporcionó al herido más que
vino y aceite. Esto no es otra cosa que la unción. Y (así) curó las heridas,
pues el amor cubre multitud de pecados (7735-7812).
112. Los
(hijos) que da a luz una mujer se parecen a aquel que ama a ésta. Si se trata
de su marido, se parecen al marido; si se trata de un adúltero, se parecen al
adúltero. Sucede también con frecuencia que cuando una mujer se acuesta por
necesidad con su marido —mientras su corazón está al lado del adúltero, con
quien mantiene relaciones— da a luz lo que tiene que dar a luz manteniendo su
parecido con el amante. Mas vosotros, que estáis en compañía del Hijo de Dios,
no améis al mundo, sino al Señor, de manera que aquellos que vayáis a engendrar
no se parezcan al mundo, sino al Señor (7812-25).
113. El
hombre copula con el hombre, el caballo con el caballo, el asno con el asno:
las especies copulan con sus congéneres. De esta misma manera se une el
espíritu con el espíritu, el Logos con el Logos [y la luz con la luz. Si tú] te
haces hombre, [es el hombre el que te] amará; si te haces [espíritu], es el
espíritu el que se unirá contigo; si te haces Logos, es el Logos el que se
unirá contigo; si te haces luz, es la luz la que se unirá contigo; si te haces
como uno de los de arriba, son los de arriba los que vendrán a reposar sobre
ti; si te haces caballo, asno, vaca, perro, oveja u otro cualquiera de los
animales que están afuera y que están abajo, no podrás ser amado ni por el
hombre, ni por el espíritu, ni por el Logos, ni por la luz, ni por los de
arriba, ni por los del interior. Estos no podrán venir a reposar dentro de ti y
tú no formarás parte de ellos (7825-7913).
114. El
que es esclavo contra su voluntad podrá llegar a ser libre. El que después de
haber alcanzado la libertad por gracia de su señor se ha vendido a sí mismo
nuevamente como esclavo, no podrá volver a ser libre (7913-18).
115.
La agricultura de (este) mundo está basada en cuatro elementos: se recolecta
partiendo de agua, tierra, viento y luz. Asimismo la economía de Dios depende
de cuatro (elementos): fe, esperanza, amor y conocimiento. Nuestra tierra es la
fe, en la que echamos raíces; el agua es la esperanza, por la que [nos
alimentamos]; el viento es el amor, por [el que] crecemos; la luz [es] el
conocimiento, por el que [maduramos] (7918-30).
116. La
gracia es [...]; el labrador son [...] por encima del cielo. Bienaventurado es
el que no ha atribulado a un alma. Éste es Jesucristo. Él vino al encuentro de
todo el lugar sin onerar (?) [ser gravoso] a nadie. Por eso dichoso es
el que es así, pues es un hombre perfecto, ya que éste (es) el Logos (7931-805).
117.
Preguntadnos acerca de él, pues es difícil enderezarlo. ¿Cómo vamos a ser
capaces de realizar esta gran obra? (805-8).
118.
¿Cómo va a conceder el descanso a todos? Ante todo no se debe causar tristeza a
nadie, sea grande o pequeño, no creyente o creyente. Luego hay que proporcionar
descanso a aquellos que reposan en el bien. Hay gente a quienes aprovecha
proporcionar descanso al hombre de bien. Al que practica el bien no le es
posible proporcionar a éstos descanso, pues no está en su mano, pero tampoco le
es posible causar tristeza, al no dar ocasión a que ellos sufran angustia. Pero
el hombre de bien les causa a veces aflicción. Y no es que él lo haga adrede,
sino que es su propia maldad la que los aflige. El que dispone de la naturaleza
(adecuada) causa gozo al que es bueno, pero algunos se afligen a causa de esto
en extremo (808-23).
119. Un
amo de casa se proveyó de todo: hijos, esclavos, [ganado,] perros, cerdos, trigo,
cebada, paja, heno, [huesos,] carne y bellotas. Era inteligente y conocía el
alimento (adecuado) para cada cual. A los hijos les ofreció pan, [aceite y
carne;] a los esclavos les ofreció aceite de ricino [y] trigo; a los animales
[les echó cebada,] paja y heno; [a los] perros les echó huesos; [a los cerdos]
les echó bellotas y [restos de] pan. Lo mismo ocurre con el discípulo de Dios:
si es inteligente, comprende lo que es ser discípulo. Las formas corporales no
serán capaces de engañarle, sino que se fijará en la disposición del alma de
cada cual y (así) hablará con él. Hay muchos animales en el mundo que tienen
forma humana. Si es capaz de reconocerlos, echará bellotas a los cerdos,
mientras que al ganado le echará cebada, paja y heno; a los perros les echará
huesos, a los esclavos les dará (alimentos) rudimentarios, y a los hijos lo
perfecto (8023-8114).
120. Hay
un Hijo del hombre y hay un hijo del Hijo del hombre. El Señor es el Hijo del
hombre, y el hijo del Hijo del hombre es aquel que fue hecho por el Hijo del
hombre. El Hijo del hombre recibió de Dios la facultad de crear, él tiene
(también) la de engendrar (8114-21).
121.
Quien ha recibido la facultad de crear es una criatura, quien ha recibido la de
engendrar es un engendrado. Quien crea no puede engendrar, quien engendra puede
crear. Suele decirse «Quien crea engendra», pero lo que engendra es una
criatura. Por [eso] los que han sido engendrados por él no son sus hijos, sino
[...]. El que crea, actúa [visiblemente] y él mismo es [visible]. El que
engendra, [actúa ocultamente] y él mismo permanece oculto: [...] la imagen. El
que crea [lo hace] abiertamente, mas el que engendra [engendra] hijos
ocultamente (8121-34).
122.
[Nadie podrá] saber nunca cuál es [el día en que el hombre] y la mujer copulan
—fuera de ellos mismos—, ya que las nupcias de (este) mundo son un misterio
para aquellos que han tomado mujer. Y si el matrimonio de la polución permanece
oculto, ¿cuánto más constituirá el matrimonio impoluto un verdadero misterio?
Este no es carnal, sino puro; no pertenece a la pasión, sino a la voluntad; no
pertenece a las tinieblas o a la noche, sino al día y a la luz. Si la unión
matrimonial se efectúa al descubierto, queda reducida a un acto de fornicación.
No sólo cuando la esposa recibe el semen de otro hombre, sino también cuando
abandona su dormitorio a vista (de otros), comete un acto de fornicación. Sólo
le está permitido exhibirse a su propio padre, a su madre, al amigo del esposo
y a los hijos del esposo. Éstos pueden entrar todos los días en la cámara
nupcial. Los demás, que se contenten con el deseo aunque sólo sea de escuchar
su voz y de gozar de su perfume y de alimentarse de los desperdicios que caen
de la mesa como los perros. Esposos y esposas pertenecen a la cámara nupcial.
Nadie podrá ver al esposo y a la esposa de no ser que [él mismo] llegue a serlo
(8135-8226).
123.
Cuando a Abrahán [le fue dado] ver lo que hubo de ver, circuncidó la
carne del prepucio enseñándonos (con ello) que es necesario destruir la carne
[...] del mundo. Mientras sus [pasiones están escondidas] persisten y continúan
viviendo, [mas si salen a la luz] perecen [a ejemplo] del hombre visible.
[Mientras] las entrañas del hombre están escondidas, está vivo el hombre; si
las entrañas aparecen por fuera y salen de él, morirá el hombre. Lo mismo
ocurre con el árbol: mientras su raíz está oculta, echa renuevos y (se
desarrolla), mas cuando su raíz se deja ver por fuera, el árbol se seca. Lo
mismo ocurre con cualquier cosa que ha llegado a ser en (este) mundo, no sólo
con lo manifiesto, sino también con lo oculto: mientras la raíz del mal está
oculta, éste se mantiene fuerte; pero nada más ser descubierta, se desintegra y
—no bien se ha manifestado— se desvanece. Por eso dice el Logos: «Ya está
puesta el hacha a la raíz de los árboles». Éste no podará, (pues) lo que se
poda brota de nuevo, sino que cava(rá) hasta el fondo, hasta sacar la raíz. Mas
Jesús ha arrancado de cuajo la raíz de todo el lugar, mientras que otros (lo
han hecho únicamente) en parte. Por lo que se refiere a nosotros, todos y cada
uno debemos socavar la raíz del mal que está en cada cual y arrancar(la)
enteramente del corazón. (El mal) lo erradicamos cuando lo reconocemos, pero si
no nos damos cuenta de él echa raíces en nosotros y produce sus frutos en
nuestro corazón; se enseñorea de nosotros y nos hacemos sus esclavos; nos tiene
cogidos en su garra para que hagamos aquello que [no] queremos y
[omitamos] aquello que queremos; es poderoso porque no lo hemos reconocido y
mientras [está allí] sigue actuando. La [ignorancia] es la madre del [...]; la
ignorancia [está al servicio de ...]; lo que proviene [de ella] ni existía, ni
[existe], ni existirá. [Mas aquellos que vienen de la verdad (?)] alcanzarán su
perfección cuando toda la verdad se manifieste. La verdad es como la
ignorancia: si está escondida, descansa en sí misma; pero si se manifiesta y se
la reconoce, es objeto de alabanza porque es más fuerte que la ignorancia y que
el error. Ella da la libertad. Ya dijo el Logos: «Si reconocéis la verdad, la
verdad os hará libres». La ignorancia es esclavitud, el conocimiento es
libertad. Si reconocemos la verdad, encontraremos los frutos de la verdad en
nosotros mismos; si nos unimos a ella, nos traerá la plenitud (8226-8414).
124.
Ahora estamos en posesión de lo que es manifiesto dentro de la creación y
decimos: «Esto es lo sólido y codiciable, mientras que lo oculto es débil y
digno de desprecio». Así ocurre con el elemento manifiesto de la verdad, que es
débil y despreciable, mientras que lo oculto es lo sólido y digno de aprecio.
Manifiestos están los misterios de la verdad a manera de modelos e imágenes,
mientras que la cámara nupcial —que es el Santo dentro del Santo— permanece
oculta (8414-23).
125. El
velo mantenía oculta en un principio la manera cómo Dios gobernaba la creación;
pero cuando se rasgue y aparezca lo del interior, quedará desierta esta casa o
más bien será destruida. Mas la divinidad en su conjunto no huirá [de] estos
lugares (para irse) al Santo de los Santos, pues no podrá unirse con la [luz
acrisolada] ni con el Pleroma sin [mancha]. Ella [se refugiará] más bien bajo
las alas de la cruz [y bajo sus] brazos. El arca [les] servirá de salvación
cuando el diluvio de agua irrumpa sobre ellos. Los que pertenezcan al linaje
sacerdotal podrán penetrar en la parte interior del velo con el Sumo Sacerdote.
Por eso se rasgó aquél no sólo por la parte superior, pues (si no) sólo se
habría abierto para los que estaban arriba; ni tampoco se rasgó únicamente por
la parte inferior, pues (si no) sólo se habría mostrado a los que estaban
abajo, sino que se rasgó de arriba abajo. Las cosas de arriba nos quedaron
patentes a nosotros que estamos abajo, para que podamos penetrar en lo
recóndito de la verdad. Esto es realmente lo apreciable, lo sólido. Pero
nosotros hemos de entrar allí a través de debilidades y de símbolos
despreciables, pues no tienen valor alguno frente a la gloria perfecta. Hay una
gloria por encima de la gloria y un poder por encima del poder. Por eso nos ha
sido hecho patente lo perfecto y el secreto de la verdad. Y el Santo de los
Santos se (nos) ha manifestado y la cámara nupcial nos ha invitado a entrar. Mientras esto permanece oculto, la maldad está
neutralizada, pero no ha sido expulsada de la simiente del Espíritu Santo, (por
lo que) ellos siguen siendo esclavos de la maldad. Mas cuando esto se
manifieste, entonces se derramará la luz perfecta sobre todos y todos los que
se encuentran en ella [recibirán] la unción. Entonces quedarán libres los
esclavos y los cautivos serán redimidos (8423-8529).
126. [Toda] planta que [no] haya plantado mi Padre que
está en los cielos [será] arrancada. Los separados serán unidos [y] colmados.
Todos los que [entren] en la cámara nupcial irradiarán [luz], pues ellos [no]
engendran como los matrimonios que [...] actúan en la noche. El fuego [brilla] en la noche (y) se apaga, pero los misterios de
estas bodas se desarrollan de día y (a plena) luz. Este día y su fulgor no
tienen ocaso (8530-864).
127. Si
uno se hace hijo de la cámara nupcial, recibirá la luz. Si uno no la recibe
mientras se encuentra en estos parajes, tampoco la recibirá en el otro lugar.
Si uno recibe dicha luz, no podrá ser visto ni detenido, y nadie podrá molestar
a uno de esta índole mientras vive en este mundo, e incluso, cuando haya salido
de él, (pues) ya ha recibido la verdad en imágenes. El mundo se ha convertido
en eón, pues el eón es para él plenitud, y lo es de esta forma: manifestándose
a él exclusivamente, no escondido en las tinieblas y en la noche, sino oculto
en un día perfecto y en una luz santa (864-19).
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